Observatorio Bienestar Escolar

Consumo de sustancias en jóvenes: lo que están revelando las encuestas y por qué debería importarte hoy

Lo que a veces parece “normal”… puede ser una señal

Salir más, cambiar de grupo de amigos, mostrar mayor independencia o restarle importancia a ciertas conductas.

Muchas de estas situaciones se interpretan como parte natural de crecer.

Pero en algunos casos, también pueden estar asociadas a la exposición o inicio en el consumo de alcohol u otras sustancias.

Y cuando estas señales no se detectan a tiempo, el impacto puede ser mayor.

No solo en el aprendizaje, sino también en la salud física, emocional y en las decisiones que los jóvenes comienzan a tomar.

Lo que muestran los datos (y por qué es relevante)

Los resultados de la Encuesta de Juventud y Bienestar 2024, entregan una señal clara: el consumo de sustancias en jóvenes no es un fenómeno aislado, y está fuertemente influenciado por su entorno.

Uno de los hallazgos más relevantes es que el contexto social importa.

A mayor presencia de amistades que consumen, mayor probabilidad de que el joven también lo haga.

Pero también aparece un factor clave de protección: el rol de la familia.

Los datos muestran que a mayor supervisión, acompañamiento y claridad en normas por parte de los padres, menor es la probabilidad de consumo.

Esto no significa control restrictivo, sino presencia activa.

Y refuerza una idea importante: el consumo no depende solo del joven, sino del entorno que lo rodea.

Qué implica el bienestar escolar (más allá de lo académico)

El bienestar escolar también incluye la prevención de conductas de riesgo.

No se trata solo de evitar el consumo dentro del establecimiento, sino de generar entornos protectores que reduzcan su probabilidad.

Esto implica trabajar en habilidades socioemocionales, toma de decisiones y redes de apoyo.

El colegio no reemplaza a la familia, pero sí cumple un rol clave en el entorno del estudiante.

El problema real: cuando las señales se normalizan

En muchos casos, el consumo no comienza con una decisión consciente.

Comienza con presión social, necesidad de pertenecer o falta de límites claros.

Y cuando el entorno adulto no observa o minimiza estas señales, el riesgo aumenta.

Frases como “todos lo hacen”, “es solo una etapa” o “no es tan grave” terminan normalizando conductas que pueden escalar.

Ahí es donde se pierde la oportunidad de prevenir.

Lo que realmente debería estar pasando en un colegio

Un colegio que promueve el bienestar no espera a detectar consumo para actuar.

Trabaja desde la prevención, fortaleciendo factores protectores.

Esto implica generar espacios de confianza, educación sobre riesgos reales y acompañamiento constante.

También implica trabajar en conjunto con las familias, entendiendo que el entorno social del estudiante no termina en el colegio.

Porque prevenir no es prohibir… es anticiparse.

¿Qué deberías poder observar como familia?

  • Conoces el entorno social y amistades de tu hijo/a
  • Existen normas claras y consistentes en el hogar
  • Hay supervisión acorde a la edad (sin desconexión total)
  • Se conversa abiertamente sobre consumo y sus consecuencias
  • El colegio aborda la prevención de forma activa
  • Existe comunicación entre familia y establecimiento

Si estos elementos no están presentes, el riesgo puede aumentar más de lo que parece.

Cumplir, para cuidar

El consumo de sustancias en jóvenes no ocurre en el vacío.

Está profundamente influenciado por su entorno, sus relaciones y el nivel de acompañamiento que reciben.

La evidencia es clara: el grupo de pares influye, pero la presencia familiar protege.

Cumplir con el deber de cuidado implica involucrarse, observar y actuar antes de que el problema sea evidente.

Porque cuando el consumo se detecta tarde, muchas veces ya se instaló como hábito.

Por eso, la pregunta es clave:

¿Estamos realmente presentes en su entorno… o reaccionando cuando el problema ya apareció?

Fuente y respaldo

  • Encuesta de Juventud y Bienestar 2024
  • Prevención del consumo en adolescentes

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